Posteado por: bielorrusiaexiste | 3 junio 2009

En busca del arca perdida

Este fin de semana estuve en Borisov. De allí es la chica con la que vivo y su familia y amigos hace tiempo que tenían ganas de ver a la española que pulula por Bielorrusia. Esta ciudad es sobre todo conocida porque en algún lugar cerca de ella, Napoleón dejó enterrado un gran tesoro que nadie ha encontrado, y me contaron que de vez en cuando la gente todavía se aventura a intentarlo, aunque sin mucho éxito.

Y como aquí el verano ya ha empezado oficialmente (el 1 de junio), el tiempo era espectacular. Me llevaron a pasar el día a un río precioso a una hora de la ciudad, en medio de un inmenso bosque bielorruso absolutamente verde, rodeado de las típicas casitas de madera de colores, sus cabras, sus vacas… Los más valientes se bañaron en el agua gélida, aunque yo sólo tomé el sol mientras comíamos pipas y bebíamos kvas.

Borisov

Borisov

Borisov

Otro día, la madre me preparó unos maravillosos piroshki de repollo y verduras unos, y de corazón de algún animal, otros. Aunque pueda parecer algo desagradable, he de decir que los de corazón están buenísimos y creó que batí el record de la española que más piroshki ha comido en un sólo día porque al cabo de un rato perdí la cuenta. Todo acompañado de un vino dulce que ella misma hace.

Borisov, al igual que buena parte de las ciudades bielorrusas, no es especialmente bonita ya que sufrió las peores consecuencias de la guerra y tuvo que ser reconstruida. Como ya imaginaréis, cuenta con todos los elementos básicos del kit de la ciudad soviética: dedushka Lenin preside la plaza principal; los diversos monumentos en recuerdo de la Gran Guerra Patriótica aparecen por cada esquina y los viejos bloques soviéticos sobreviven como pueden al paso del tiempo y al actual desinterés estatal. Eso sí, a un rato del centro todavía queda una pequeña parte antigua con casitas bajas de colores y una preciosa iglesia ortodoxa que recuerdan lejanamente cómo tenían que ser la ciudades bielorrusas antes de ser destruidas por unos u otros.

Lenin en Borisov

Justo el fin de semana anterior realicé otro pequeño viaje hasta Akinchitsy, el pueblo donde nació el poeta bielorruso Yakub Kolas. Como siempre (algo que de verdad echaré de menos), la impresionante naturaleza. En esta pequeña localidad buena parte de la gente habla bielorruso, y en el museo dedicado al poeta todo está en esta lengua, cosa que me encantó porque apenas se tiene la oportunidad de escucharlo.

Casa de Yakub Kolas

Casa de Yakub Kolas

Después, con un buen grupo de amigos fuimos al bosque a hacer un picnic de shashlik, que aquí siempre preparan los hombres: buscan las ramas, hacen la hoguera, los asan, se los van llevando a las chicas que esperan sentadas como unas zarinas en un manta bebiendo vodka o Sovetskoe Shampanskoe. Ya por la tarde, nos sorprendió una lluvia torrencial típica del clima loco de Bielorrusia en primavera y volvimos a Minsk igual que fuimos temprano por la mañana: bebiendo vodka durante todo el viaje en autobús. Llegué a casa y me fui directa a dormir. Moraleja: el vodka es fatídico para la salud.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: