Posteado por: bielorrusiaexiste | 17 julio 2009

¡Bielorrusia es Europa!

Cuando uno decide ir a Bielorrusia, lo primero que se encuentra son caras de asombro de toda la gente que tiene alrededor. Primero porque a algunos les costará esfuerzo situarla en el mapa ya que la Europa Oriental ha quedado desdibujada para muchos tras el desmembramiento de la URSS y de Yugoslavia. Una vez ubicada continuará la expresión de incredulidad, al fin y al cabo sólo se conocen dos elementos sobre el país: su oscuro presidente, Alexander Lukashenko, y que fue el territorio que más sufrió las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil, en la vecina Ucrania.

Pero superados los primeros recelos y las más variadas ideas que nos acompañan hasta Bielorrusia, una vez allí todo resulta (extrañamente) fácil. El pensamiento de los extranjeros occidentales al llegar a Minsk es el mismo: “Pero si es una ciudad normal”. La imagen que se tiene desde fuera es borrosa porque sólo llega información en contadas ocasiones y siempre muy negativa, sobre todo, en lo referente a la política estatal y en especial durante las elecciones presidenciales, lo que no ayuda a crear una idea general del país.

Como suele decirse, en Bielorrusia si uno no quiere, no se entera. La parte visible de la vida es como en cualquier otra ciudad europea. Por supuesto, su arquitectura soviética nos recordará dónde nos encontramos. Pero Minsk es la capital más limpia, segura y tranquila de Europa, y es cierto que hay bastante policía por la calle, pero no más que en Moscú, aunque con la diferencia de que no incordia a los extranjeros para comprobar la documentación u otros menesteres menos legales como sí ocurre en la urbe rusa.

La Ópera de Minsk

Lenin en Vetka

Las cosas cambian cuando se empieza a indagar y a querer saber qué ocurre de verdad y cómo vive la gente. Y se conocen activistas, periodistas, actores que trabajan de forma clandestina, ONGs que quieren cualquier cosa menos llamar la atención para tener los menores problemas posibles. Y es entonces cuando de viva voz sale a la luz la complicada situación que todavía atraviesan los bielorrusos. Alexander Lukashenko, autoproclamado batka (el padre), gobierna en Bielorrusia desde 1994. Acusado de falsear las elecciones por la OSCE y diversos organismos internacionales, conocido como “el último dictador de Europa”, con disidentes asesinados y desaparecidos en su largo periodo presidencial cuenta con seguidores y detractores por igual.

La división política es absoluta. Para unos, es el líder que Bielorrusia necesita: un hombre fuerte, de la antigua escuela soviética, que dirige la nación con mano firme para evitar “vender” el país a europeos y americanos y para que no ocurra como en la mayoría de Estados de la antigua URSS que sufren de una profunda inestabilidad en sus gobiernos, han pasado por diversas revoluciones de colores fallidas y por distanciarse de Moscú han perdido unos privilegios históricos con la madre patria. En este aspecto, la vecina Ucrania es el espejo donde no quieren mirarse.

Alexander Lukashenko

Otra parte de la población es abiertamente de la oposición. Para ellos, calificados por Lukashenko como “enemigos de la patria”, la lengua bielorrusa es su estandarte. Maltratado y olvidado por su presidente (quien no lo habla), se ha convertido en un idioma de diferenciación, de una minoría y de la élite intelectual que intenta recuperarlo tras décadas de total soberanía del ruso. Quieren mirar a Occidente, devolver el país a su cultura europea, modernizar la economía y acabar con la profunda dependencia del Kremlin.

Bandera de la oposición y de la UE

En medio aparece la indiferencia de un importante segmento de la sociedad bielorrusa. Como en la gran mayoría de Estados que han sufrido una dictadura o régimen autoritario, cuando la duración es tan larga las activas fuerzas del principio se diluyen en la costumbre. Eso es lo que ha ocurrido en Bielorrusia. La mayor parte de la gente joven se muestra contraria a la actual política estatal, pero están alejados tanto del Gobierno como de la oposición. Hoy en día, gracias a Internet, los viajes por el mundo y la cada vez mayor entrada de extranjeros, pocos consideran que las cosas funcionen bien. Pero han perdido la energía y las ganas de seguir manifestándose y luchando abiertamente. “Para qué, si hasta ahora no se ha conseguido nada”, es una frase que se repite a menudo en cualquier conversación. Muchos sueñan con irse fuera, sin importar el destino. Simplemente, irse.

En los últimos meses, Lukashenko ha querido acercarse a la Unión Europea y Bruselas ha tendido un puente hacia Minsk incluyéndola en la Asociación Oriental. Son varios sus intereses y por ahora es incierto hasta dónde llegarán. Lo único seguro es que el cambio es necesario. Bielorrusia es Europa, su historia no puede entenderse fuera de ella. Sufrió las más atroces consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la invasión nazi y algunos de los mayores guetos de Europa se encontraban en su territorio. Como otras tantas naciones, quedó diluida en la mastodóntica Unión Soviética que unificó una cultura e identidad que muchos intentan rescatar. Pero se encuentra tan cerca de la Unión Europea -comparte fronteras con Polonia, Lituania y Letonia- que la indiferencia del exterior es un gran error, del mismo modo que ignorar la situación que vive el país e interesarse sólo en los momentos de convulsión política con declaraciones y artículos de condena que no conducen a nada.

Cristina Álvarez

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Responses

  1. También hay que considerar que su frontera con Polonia, la pertenencia de parte de su territorio a Polonia (en siglos atrás y antes de la IIGM), junto con una minoría polaca que hoy día se está moviendo más ( últimamente se oye hablar en polaco en Grodno) es un elemento que aporta nuevas ideas y permite hacer comparaciones. antes de la caída del Muro, los parientes de Bielorrusia recibían las “novedades” de modas y productos de sus parientes en Polonia. El mantenimiento de un clero (reducido) de lengua polaca ha ayudado a esa comapración de ideas y maneras de poder vivir.

  2. Hola George!

    Desde hace años, Polonia es un gran apoyo para Bielorrusia y una gran influencia al compartir una parte importante de su historia y, en muchos aspectos, el espejo donde mirarse. Polonia y Suecia propusieron la creación de la Asociación Oriental de la UE hacia los países de la antigua URSS para incluir también a Bielorrusia después de muchas dudas por parte de Bruselas. Ofrece gran cantidad de becas para estudiantes bielorrusos, y ayuda en la financiación de varios medios de comunicación (sobre todo, radios) que emiten desde Polonia en bielorruso, dada la casi inexistencia de medios libres.

    Ahora Lituania se ha convertido en un centro de influencia, con la que también tienen una importante etapa de su historia en común. Apenas a dos horas en coche de Minsk, en Vilnius trabajan y estudian muchos bielorrusos, así como gente de la oposición e intelectuales. Como te cuenta todo el mundo, para ellos es una liberación tener Vilnius a apenas dos horas porque todo cambia al cruzar la frontera.

    Ucrania también es un lugar de “escape” para mucha gente. Comparten el uso generalizado del ruso como lengua común (salvo en Lviv y algunas otras zonas), e incluso hablando cada uno en su lengua (bielorruso y ucraniano) pueden entenderse, además de tener una cultura e historia común. Pero la vida en Kiev no tiene nada que ver con la claustrofobia de Minsk. No conozco un sólo bielorruso al que no le guste Ucrania.

    La verdad es que gracias a algunos de sus vecinos, la cerrada Bielorrusia parece abrirse poco a poco.

    Muchas gracias por escribir!


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