Posteado por: bielorrusiaexiste | 15 septiembre 2009

Entrevista con el líder de la oposición bielorrusa

Aquí os dejo la entrevista con Alexander Milinkevich, principal líder de la oposición bielorrusa. Habla de muchos temas interesantes de la actual situación en Bielorrusia: economía, política, derechos humanos y libertad de expresión, los efectos de Chernóbil, la Asociación Oriental…etc. Está publicada en la revista Global Affairs, el 8 de septiembre de 2009.

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Entrevista con Alexander Milinkevich: “Lukashenko debe entender que no habrá apoyo financiero si no da pasos políticos”

La entrevista con Alexander Milinkevich, líder de la oposición bielorrusa y candidato en las últimas elecciones presidenciales, se realiza en un humilde apartamento de Minsk donde se encuentra la oficina de su movimiento Za svabodu (Por la Libertad). De profesor de física en la universidad de Grodno y activista civil, pasó a convertirse en el político más importante de su país después del cuestionado mandatario Alexander Lukashenko, quien recientemente ha cumplido 15 años en el poder. Obtuvo el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2006 y tras ser detenido en varias ocasiones no desiste en su principal objetivo: la completa democracia en Bielorrusia y su regreso a la esfera europea.

La devaluación que el rublo bielorruso sufrió a principios de año y las advertencias del Fondo Monetario Internacional no auguran un buen momento económico para el Gobierno de Minsk, al que hay que sumar la todavía complicada situación de los derechos humanos y sus recientes desencuentros con el Kremlin.

¿Cómo está sufriendo Bielorrusia la crisis económica?

Por desgracia, no sólo tenemos la crisis mundial sino además, la nuestra propia a nivel interno. Desde la Unión Soviética no se han realizado reformas económicas. Esto ha sido posible porque en los últimos años Rusia ha alimentado nuestra economía. Es un sistema que puede denominarse capitalismo de nomenklatura, el poder a través de las empresas tiene la posibilidad de dedicarse a los negocios. El 80% de nuestra economía está compuesto de empresas estatales no privatizadas.

Rusia siempre ha sido nuestro mayor aliado porque ha deseado un modelo de unión gubernamental entre ambos. Esta idea ya se planteó en los tiempos de Yeltsin. Nadie sabía qué era eso pero fue algo así como una retórica nostálgica. Entonces Lukashenko soñaba con ser el dueño del Kremlin. Yeltsin era viejo y débil, y él joven y populista. En Rusia era muy popular. Soñaba con unir los gobiernos y liderarlos. Pero después llegó otro equipo al poder en Moscú, mucho más fuerte, y se alejaron sus posibilidades aunque continuó con su retórica. Hoy en día, a nivel económico nuestra dependencia de Rusia es total. Hace falta una completa y urgente modernización del país, y aparte de la Unión Europea no hay más aliados que nos puedan ayudar. Bruselas está preparada, pero sólo si se realizan cambios democráticos. El poder está en una difícil situación: quiere modernizar la economía, lo ha probado y la liberalización está produciéndose, pero a nivel político no quiere hacer ninguna modificación.

Ahí se encuentra el dilema. Y si no hacemos esos cambios seremos un apéndice de Rusia.

Aunque en las últimas semanas parece que Lukashenko intenta alejarse del Kremlin.

Lo que intenta es jugar entre dos centros. Si uno no le ayuda va hacia un lado y si no, hacia el otro. No estaría tan seguro si no hubiera posibilidades de colaborar con Europa. Si estuviésemos aislados, simplemente cogería los créditos que le da Moscú e iría hacía Rusia. Para mí, como una persona que quiere la independencia de Bielorrusia, ha sido muy importante la inclusión en la Asociación Oriental.

¿Qué ha supuesto la incorporación de Bielorrusia a este programa de la Unión Europea?

Estoy feliz de que Bielorrusia forme parte de la Asociación Oriental. Al principio hubo muchos interrogantes pero ha sido una decisión correcta. Europa ha valorado que trece años de aislamiento no han dado ni un solo resultado positivo. La estrategia era sencilla, Bielorrusia tenía que ser un país democrático e independiente, con una buena relación con Europa. Y esta estrategia continúa. Pero han tomado otra, una táctica por pasos que ha dado resultados incluso hoy. Por supuesto no significa que este programa vaya a hacer de Bielorrusia un país democrático de repente, pero crea muchas posibilidades. Todavía no se sabe cómo funcionará. Lo primordial es que Bruselas está prestando atención a Europa del Este. Es igual de importante que la Unión Mediterránea, a la que España pertenece.

¿Por qué Lukashenko decidió no acudir a la Cumbre de Praga que lanzó el programa de la Asociación Oriental?

Creo que fue una decisión acertada porque Lukashenko ha hecho muy poco por la democracia en Bielorrusia y su imagen continúa siendo la de un país autoritario. Muchos líderes no querían sentarse a su lado, hecho que él entendió. Así que para no tener un encuentro desagradable prefirió no acudir.

Aunque una de las sorpresas fue la reunión de Alexander Lukashenko con el Papa de Roma en el Vaticano.

Para muchos fue un shock ya que es un símbolo de la moral y de la Iglesia católica. Para mí también fue algo incómodo, pero por otra parte creo que el Papa intentó hablar algo con él. En Bielorrusia hay muchos católicos, es la segunda confesión religiosa, yo mismo soy de una región de mayoría católica. Aunque Lukashenko se denomina “ateo ortodoxo”, que no se sabe muy bien qué significa. Si algún día el Papa viene a Bielorrusia será un gran éxito, incluso político. Recuerdo el importante papel que jugó el anterior Papa en Polonia. Cuando llegó sólo dijo dos palabras: no temáis. Por eso espero que este contacto haya sido útil. No estoy en contra de que presidentes y ministros se reúnan con Lukashenko, pero que le recuerden la situación de los derechos humanos. Si van a hablar sólo de economía creo que no está bien.

En marzo, Miguel Ángel Moratinos viajó a Minsk para preparar la presidencia española de la UE en 2010, y Javier Solana se reunió con Lukashenko y con usted mismo. ¿Qué temas trataron?

Le dije que para nosotros el diálogo que comienza es una oportunidad histórica muy importante, que somos un aliado para intentar transformar el país y que por favor mantengan una relación con condiciones con el poder. Porque no hay cambios a nivel interno y es necesario que esa situación mejore. El poder hace mucha demagogia y retórica, nos habla de que tenemos una democracia como en Occidente y que ya ha hecho suficiente. Y creemos que no es así. Escribí una carta a Sarkozy, Merkel, Solana y Ferrero-Waldner para explicarles que tienen mi apoyo, pero que durante el diálogo con Bielorrusia la represión política continúa. Les pedí que durante sus conversaciones tengan en cuenta este hecho. Porque hay políticos en Europa que piensan que después de los avances económicos algún día llegarán los políticos, y eso es un error. Lukashenko debe entender que no habrá apoyo financiero si no da pasos políticos. No puede haber sólo palabras.

Usted ha declarado que cree que es hora de hacer un nuevo tipo de oposición. ¿A qué se refiere?

La situación ha cambiado. Cuando el país estaba aislado éramos en parte políticos y en parte disidentes. Se violaban los derechos humanos, se reprimía y asesinaba a le gente. Así ha sido durante trece años. Era un país cerrado. Europa ha variado la táctica con Minsk, sobre todo tras la guerra en Georgia. Ha entendido que aislar a Bielorrusia no tiene sentido porque en estos años nada ha cambiado: ha habido más represión, la situación de la oposición es la misma, no ha habido ninguna reforma económica y la dependencia de Rusia ha aumentado. Ese aislamiento no ha dado ningún resultado.

Bruselas ha adoptado esta nueva estrategia que apoyo. El diálogo es muy importante, incluso con un país no democrático, pero tiene que ser crítico y con condiciones. Por lo tanto, la oposición también tiene que adoptar una nueva estrategia. Debemos denunciar las violaciones de los derechos humanos, esa es nuestra función, y luchar por la libertad. Pero tenemos que encontrar nuestro sitio en este diálogo. Estamos en contra del régimen autoritario, y aunque ahora hay algo menos de represión y de miedo, éstos continúan. Tenemos que decir la verdad. Si el poder lo hace bien, como firmar la Asociación Oriental con la UE, hay que decirlo. Y por supuesto, cuando lo hace mal, también. Estoy dispuesto a ayudarle a mejorar las relaciones con Europa, a modernizar la economía, a recobrar la identidad nacional.

El pasado mes de septiembre hubo elecciones legislativas. La OSCE notó algunos avances aunque no las consideró democráticas. ¿Cree que la situación es algo mejor ahora?

Hay dos problemas con las elecciones. El primero es que no tenemos acceso a los medios. Por supuesto hay Internet, que es una buena fuente para la información independiente, pero no todo el mundo tiene y es muy caro. No podemos acceder a la televisión y la radio. Soy el segundo político después de Lukashenko y puedo aparecer 30 minutos en televisión una vez cada cinco años durante las elecciones presidenciales. Hasta que no haya una competencia igualitaria no serán unas elecciones libres.

Sabemos que no es posible ganar porque los comicios son una falsificación, pero nos presentamos porque es la oportunidad de llegar a la gente, divulgar información y abrir puertas. Y hay represión. Encarcelaron a muchas personas el día de las elecciones presidenciales. La gente no hizo nada pero les acusaron de insultar o encararse a la policía. Muchos han perdido sus puestos de trabajo, a más de 300 estudiantes les expulsaron de la universidad. Esa no es la atmósfera de unas elecciones libres.

¿Y en lo referente a la libertad de prensa y de expresión?

Ese otro de los grandes problemas. Los periodistas independientes tienen muy pocos lugares donde trabajar. Cerraron una gran cantidad de periódicos. El poder hizo todo lo posible para que en esos medios no hubiera nada de publicidad. Sólo dos han vuelto hace poco a los kioscos. Y de forma constante nosotros repartimos pequeños periódicos ilegales. Tenemos un apoyo económico interno muy pequeño porque el poder hace tiempo se encargó de poner un muro entre las empresas y la sociedad civil.

Hay mucho miedo en Bielorrusia. Si vas a un mitin o a una manifestación pueden echarte del trabajo, porque como he dicho, el 80% de las empresas son estatales. Hay miles y miles de activistas por la democracia desempleados. Este es un gran problema porque decimos a la gente “vamos a luchar” pero después les echan del trabajo y no podemos pagarles un salario porque tenemos poco dinero. Con los estudiantes es algo más fácil, cuando les expulsan de la universidad hay posibilidad de ir a estudiar fuera con buenas becas, sobre todo, Polonia nos ayuda mucho. También van a Lituania, Ucrania, Alemania o Francia. Las fuerzas democráticas son un ejército de desempleados. Esto psicológicamente es muy difícil.

La mayoría de la gente joven no apoya a Lukashenko, pero tampoco está involucrada de forma activa con la oposición. ¿A qué cree que se debe?

Una razón es el miedo. Pero además, después de tantos años de lucha sin resultado, la gente no cree que saliendo a la calle vaya a cambiar algo pero puede perder mucho. Y algo que no ocurre en ningún país de Europa es la pérdida de identidad nacional. Cuando pasamos a ser parte del Imperio Ruso comenzó la total rusificación de Bielorrusia. Y perdimos nuestra lengua. En la escuela se enseña la historia de Rusia y casi nada de la nuestra. Por desgracia, los bielorrusos no tenemos un sentimiento de pertenencia a una tierra unida, un patriotismo que une a la gente y da un impulso para salir a la calle porque somos un pueblo, una nación, debemos protegernos unos a otros. Lukashenko no apoya el regreso de ese sentimiento nacional por muchas razones, por la nostalgia de la URSS.

Tras las diversas revoluciones de colores en países de la antigua URSS, muchos esperaban la revolución blanca en Bielorrusia. ¿Por qué no se produjo?

En Serbia, Ucrania y Georgia había oposición en el Parlamento, mientras que nosotros no tenemos ni una sola persona. Contaban con canales de televisión, nosotros tampoco contamos con ello. El miedo que se tiene en Bielorrusia no lo hay en otros países. Ellos salieron a la calle y la gente no fue encarcelada y no perdió sus trabajos. Hay una gran diferencia. Podían expresar como ciudadanos que no querían más. En 2006, aquí la gente pasó miedo durante las protestas en la plaza de Octubre, apareció el jefe de la KGB y el ministro del Interior habló tres veces por televisión y dijo que los que estuviesen allí serían acusados de terroristas. Y en Bielorrusia el terrorismo se castiga con la pena de muerte.

Aunque creo que tuvimos una gran victoria. Hoy ningún político en Europa se pregunta dónde se encuentra Bielorrusia y se interesan más por nosotros. Fue una gran etapa en nuestras vidas. E incluso ahora Lukashenko dice muchas de las palabras que nosotros gritábamos en la plaza. Dice que tenemos que acercarnos a Europa, como pedíamos, que hace falta un desarrollo de las empresas y que no es necesaria la unión con Rusia sino tener una buena relación como aliado estratégico. Y hace poco, por primera vez desde hace años el ministro de Cultura habló en bielorruso. Es un proceso muy lento, no se consigue en un solo día. En España también tenéis experiencia de qué es una dictadura, vosotros siempre luchasteis.

En los últimos meses, en Bielorrusia ha habido diversas manifestaciones en contra de la construcción de una central nuclear. ¿Qué opina de su instalación en un país que aún sufre los efectos de Chernóbil?

Bielorrusia es el país en el que recayó el 75% de la radiactividad de Chernóbil por la dirección del viento. Esta fue nuestra tragedia porque hay muchos problemas no resueltos. Se venden productos con radiactividad, por ejemplo. El poder decidió no hablar sobre el tema. No hay estadísticas, simplemente se calla o dice que no hay nada malo y la gente regresa a esas zonas. Un político no puede actuar así.

En lo referente a la nueva central, Bielorrusia es un país que importa energía. Soy físico de formación, no tengo radiofobia, no estoy en contra de ello. Si no es necesaria, mejor no construirla, pero si lo es, hace falta hacerla con la mejor tecnología y demostrar que de verdad la necesitamos ya que en Bielorrusia podrían funcionar otras formas energéticas, como la eólica. Estoy en contra de la construcción de esta central porque no hay información, ni discusiones abiertas al respecto en el Parlamento, ni en la prensa o la televisión. El poder simplemente lo ha dicho y se hará. La mayor parte de la población también es contraria a la construcción, aunque hay personas que creen a los medios oficiales. Hubo un tiempo en que se habló mucho de Chernóbil, pero el poder dejó de hacerlo y la gente se ha acostumbrado a vivir con las consecuencias y considera que es mejor no pensar en ello a pesar de lo que muestran los informes médicos sobre el cáncer en Bielorrusia.

En 2006 recibió el premio Sájarov del Parlamento Europeo. ¿Qué supuso para usted?

Para mí significa mucho. Pero sólo no habría conseguido nada. Es de todas las personas de este país que luchan por la libertad, a los que Europa y el mundo conocieron cuando salieron a la calle. Fue importante para el país porque en tres años primero se lo concedieron a la Asociación Bielorrusa de Periodistas y después a mí. Para nosotros tiene una gran importancia porque de nuevo Europa se fijó en nuestra situación y fue un apoyo moral. La gente que lucha entendió que no están solos. Soy físico y conocí al propio Sájarov cuando era ya un físico famoso pero aún ni él ni yo éramos disidentes. Fue un científico brillante y original, y sufrió mucho. Me enorgullece haberle conocido porque es un símbolo de la libertad. Para mí es un gran ejemplo.

¿Cómo ve su futuro y el de Bielorrusia?

Vamos a ser independientes y un país europeo democrático. Quiero que formemos parte de la UE, aunque sé que no es sencillo y que Bruselas ahora tiene sus propios problemas. Creo en mi país, es un buen pueblo, tranquilo y trabajador. Tenemos un sitio en Europa. En cuanto a mí, no necesariamente tengo que ser presidente. Vengo de una familia muy revolucionaria que sufrió la represión. Y en Bielorrusia hay mucha gente como yo que quiere una vida libre y democrática. Para nosotros la palabra libertad significa mucho.

Cristina Álvarez
Periodista

http://www.globalaffairs.es/es/entrevista-con-alexander-milinkevich-lukashenko-debe-entender-que-no-habra-apoyo-financiero-si-no-da-pasos-politicos/

Revista Global Affairs, 8 de septiembre de 2009.

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Responses

  1. Muy buena entrevista.

    Espero que las cosas vayan cambiando y Bielorrusia se vaya abriendo.

    Así podríamos visitar con más regularidad a nuestra familia.

  2. Muchas gracias, Óscar!

    Es verdad, a ver si las cosas cambian realmente y la situación mejora, que aún queda un largo camino por hacer. Parece increíble que un país europeo que hace frontera con la UE continúe así después de tantos años.

    Un abrazo!

  3. ¡Vaya!¡Sigues al pie del cañón! Valiente, valiente, ejejeje
    ¿Dónde andas ahora?
    Tienes en tu buzón un correo electrónico con fotografías.
    ¡Besos!

  4. Hola Jesús!

    Ya tengo las fotos bielorrusas en mi poder, muchas gracias! Aquí sigo escribiendo sobre Bielorrusia, ya sabes que me encanta!

    Un abrazo!

  5. […] “falsificación“. Además, la presencia de la oposición en los medios es mínima, en un sistema donde la censura es cotidiana, y las manifestaciones se traducen en miles de despidos – debemos recordar que la mayoría de las empresas son públicas. Esto cuando no se saldan con […]

  6. Vaya vergüenza de blog. Si “democracia” es negar el papel del voto y la instauración de asambleas obreras o soviets, si “libertad” es “privatizar” y “dictadura” es servicio médico y educación gratuitas… ¡qué mal está el periodismo!

  7. pues si os creeis que la UE es el paraiso vais pero que muy perdidos. La UE es una dictadura encubierta en la que el capital se ha adueñado de todo ¿no veis los recortes por la tele? España con un 25% de paro y mas del 52% de paro juvenil, 25% poblacion bajo el umbral de la pobreza si si, en la UE, bancos que han hundido las economias siendo rescatados con el dinero público que luego se le recorta a los ciudadanos de la sanidad, la educacion, servicios sociales etc etc. Han hecho una ley laboral que esta poniendo en la calle a miles de perosnas y rebajando salarios y condiciones laborales. Miles de funcionarios han sido o serán despedidos en breve y los que se han quedado han visto su salario reducido. Lo próximo son las pensiones para satisfacer las exigencias del FMI, la UE y el BCE. No se como estarán las cosas en Bielorrusia pero por favor, no se dejen engañar porque en la UE el capital nos está robando todo lo que los trabajadores hemos conseguido con nuestra lucha

  8. yomisma estás totalmente en lo justo. EU = dictadura del capital para imponer el neoliberalismo a como dé lugar, que supone rebajar las condiciones de vida y trabajo de todos. En cuanto a Bielorusia, el capitalismo absurdo allí también hace desastres, pero menos que en Rusia o Ukrania, y por otro lado el nivel político de la gente es muy débil y no hay debate ideológico, sino intimidación hacia los que no están conformes. Pese a que la inconformidad no signifique estar a favor del capitalismo. Los salarios son muy bajos, los “sindicatos” no defienden a los trabajadores… Parece que mucha gente apoya al gobierno, pero si éste no mejora más la vida del pueblo, no podrá seguir manteniéndose mucho en el poder, aún pese a los fraudes electorales. El peligro es que la minoría que se opone, que se inspira en el neoliberalismo, aproveche esa debilidad para imponerse algún día y eso empeoraría la situación en el país


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