Posteado por: bielorrusiaexiste | 8 noviembre 2009

El desencanto de la democracia

Mientras Occidente celebra el XX aniversario de uno de los momentos que cambiaron la historia, la caída del muro de Berlín, en Moscú recuerdan otro que también lo hizo aunque en diferente manera, la Revolución Rusa, sacando las banderas soviéticas a la calle. Algo significativo tras publicarse un informe que muestra el desencanto de muchas sociedades del entonces telón de acero ante la democracia, después de veinte años o menos, de intentar implantarla sin demasiado éxito en varios de ellos.

Pew Research Center ha elaborado un estudio que recoge que en los países de Europa del Este siguen apoyando la democracia, aunque con menos entusiasmo que en 1991. Bajo el título ‘El fin del comunismo celebrado, pero ahora con más reservas’, se ha llevado a cabo en Alemania, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Hungría, Lituania, Rusia, Bulgaria y Ucrania.

“En general en todos estos países la aprobación al paso del comunismo a la democracia ha perdido apoyo siendo los casos más acusados los de Ucrania, donde se ha pasado del 72% en 1991 al 30% actual; Bulgaria, del 76 al 52%; Lituania, del 75 al 55%; y Hungría, del 74 al 56%. Por contra, el 85% de los alemanes del este están satisfechos, al igual que el 80% de los checos o el 71% de los eslovacos.

 En cuanto al paso al capitalismo, se repite la tendencia, registrándose la caída más acusada en el apoyo en Hungría, del 80 al 46%; Lituania, del 76 al 50%; Bulgaria, del 73 al 53%; y Ucrania, del 52 al 36%. En el resto de países, el respaldo es superior al 60%, siendo en el caso de los habitantes de la antigua RDA del 82%”.

Banderas soviéticas

Con las banderas soviéticas. Foto tomada en Moscú en mayo de 2005.

Cuando en 2005 Vladímir Putin pronunció su famosa frase: “La caída de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo pasado” recibió muchas críticas internacionales por sus palabras. Ahora, este informe recoge la opinión del pueblo ruso sobre un hecho que cambió sus vidas e hizo aflorar sentimientos diluidos durante la Unión Soviética:

“Por otra parte, el estudio también ha constatado el incremento del sentir nacionalista entre los rusos. Así, el 58% se muestra de acuerdo con la afirmación que “es una gran desgracia que la Unión Soviética ya no exista”, mientras que el 54% defiende actualmente que “Rusia debería ser para los rusos”, frente al 26% de 1991, y el 47% ve “natural que Rusia tenga un imperio”, frente al 37% de hace casi 20 años”.

El concepto de democracia en muchos de los países del bloque soviético es algo distinto al que se tiene en Occidente. Aunque sean considerados “democracias” porque hay elecciones presidenciales y legislativas, otros elementos fundamentales como la transparencia de las mismas, la libertad de expresión, la igualdad de todos los partidos políticos en el proceso electoral, la independencia de los medios y de la prensa…etc. no forman parte de las preocupaciones e intereses principales ni de los gobiernos ni de la sociedad. Podría decirse que existen otras prioridades.

Alexander Lukashenko

Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia conocido como 'el último dictador de Europa', aunque él se denomina a sí mismo 'el padre de la nación'. Gobierna con 'mano dura' siguiendo la 'escuela soviética'. Foto tomada en Minsk en mayo de 2009.

Cuando en Rusia y Bielorrusia se habla de este tema con la gente, se ve que la mayoría no da excesiva importancia a la falta de libertades (de expresión, prensa, individuales…etc.) o a la encarcelación de opositores o disidentes. Sin embargo, la estabilidad política, muchas veces a cambio de perder esas libertades, es la base fundamental para que consideren o no a un presidente eficaz. Una gran parte de la población puede llegar a entender que ese “buen presidente” mantenga una guerra durante años para “asegurar la estabilidad de la nación y luchar contra el terrorismo”, encarcele a políticos y activistas por querer “vender su país a Occidente” o asesine a algún periodista por “calumniar a la patria”. La opinión de muchos es que la estabilidad tiene un precio y ya vendrán otros tiempos en los que esos elementos democráticos adquirirán relevancia.

Para un extranjero no es fácil de entender, pero hay que intentar verlo dentro de su propio contexto. Muchos de estos países pasaron del Imperio zarista a una guerra civil y de ahí a la Unión Soviética, tras 70 años en la URSS a un colapso que les llevó a una profunda crisis (económica, de valores, de identidad) y después llegaron al poder una serie de líderes que triunfaron por su mano dura, por querer imponer a toda costa la estabilidad y recuperar el orgullo perdido, aunque por el camino ignoren libertades fundamentales. Así que después de años caóticos y difíciles, la gente quiere tranquilidad y estabilidad a nivel personal e individual.

En el desencanto democrático también han influido algunos desengaños recientes, como las revoluciones de colores que no han dado los resultados esperados, o que han comprobado que el capitalismo no tiene todas las bondades y ventajas que les habían contado, especialmente porque en Europa del Este se ha implantado a gran velocidad y sin transición su versión más desigual y extrema. También es cierto que poco a poco van surgiendo otros grupos de personas que trabajan por las libertades y la mejora de su sociedad, denunciando las violaciones de los derechos humanos dentro de esas supuestas democracias. Aunque muchas veces, se juegan la cárcel e incluso, la vida.

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