Posteado por: bielorrusiaexiste | 15 septiembre 2009

Entrevista con el líder de la oposición bielorrusa

Aquí os dejo la entrevista con Alexander Milinkevich, principal líder de la oposición bielorrusa. Habla de muchos temas interesantes de la actual situación en Bielorrusia: economía, política, derechos humanos y libertad de expresión, los efectos de Chernóbil, la Asociación Oriental…etc. Está publicada en la revista Global Affairs, el 8 de septiembre de 2009.

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Entrevista con Alexander Milinkevich: “Lukashenko debe entender que no habrá apoyo financiero si no da pasos políticos”

La entrevista con Alexander Milinkevich, líder de la oposición bielorrusa y candidato en las últimas elecciones presidenciales, se realiza en un humilde apartamento de Minsk donde se encuentra la oficina de su movimiento Za svabodu (Por la Libertad). De profesor de física en la universidad de Grodno y activista civil, pasó a convertirse en el político más importante de su país después del cuestionado mandatario Alexander Lukashenko, quien recientemente ha cumplido 15 años en el poder. Obtuvo el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2006 y tras ser detenido en varias ocasiones no desiste en su principal objetivo: la completa democracia en Bielorrusia y su regreso a la esfera europea.

La devaluación que el rublo bielorruso sufrió a principios de año y las advertencias del Fondo Monetario Internacional no auguran un buen momento económico para el Gobierno de Minsk, al que hay que sumar la todavía complicada situación de los derechos humanos y sus recientes desencuentros con el Kremlin.

¿Cómo está sufriendo Bielorrusia la crisis económica?

Por desgracia, no sólo tenemos la crisis mundial sino además, la nuestra propia a nivel interno. Desde la Unión Soviética no se han realizado reformas económicas. Esto ha sido posible porque en los últimos años Rusia ha alimentado nuestra economía. Es un sistema que puede denominarse capitalismo de nomenklatura, el poder a través de las empresas tiene la posibilidad de dedicarse a los negocios. El 80% de nuestra economía está compuesto de empresas estatales no privatizadas.

Rusia siempre ha sido nuestro mayor aliado porque ha deseado un modelo de unión gubernamental entre ambos. Esta idea ya se planteó en los tiempos de Yeltsin. Nadie sabía qué era eso pero fue algo así como una retórica nostálgica. Entonces Lukashenko soñaba con ser el dueño del Kremlin. Yeltsin era viejo y débil, y él joven y populista. En Rusia era muy popular. Soñaba con unir los gobiernos y liderarlos. Pero después llegó otro equipo al poder en Moscú, mucho más fuerte, y se alejaron sus posibilidades aunque continuó con su retórica. Hoy en día, a nivel económico nuestra dependencia de Rusia es total. Hace falta una completa y urgente modernización del país, y aparte de la Unión Europea no hay más aliados que nos puedan ayudar. Bruselas está preparada, pero sólo si se realizan cambios democráticos. El poder está en una difícil situación: quiere modernizar la economía, lo ha probado y la liberalización está produciéndose, pero a nivel político no quiere hacer ninguna modificación.

Ahí se encuentra el dilema. Y si no hacemos esos cambios seremos un apéndice de Rusia.

Aunque en las últimas semanas parece que Lukashenko intenta alejarse del Kremlin.

Lo que intenta es jugar entre dos centros. Si uno no le ayuda va hacia un lado y si no, hacia el otro. No estaría tan seguro si no hubiera posibilidades de colaborar con Europa. Si estuviésemos aislados, simplemente cogería los créditos que le da Moscú e iría hacía Rusia. Para mí, como una persona que quiere la independencia de Bielorrusia, ha sido muy importante la inclusión en la Asociación Oriental.

¿Qué ha supuesto la incorporación de Bielorrusia a este programa de la Unión Europea?

Estoy feliz de que Bielorrusia forme parte de la Asociación Oriental. Al principio hubo muchos interrogantes pero ha sido una decisión correcta. Europa ha valorado que trece años de aislamiento no han dado ni un solo resultado positivo. La estrategia era sencilla, Bielorrusia tenía que ser un país democrático e independiente, con una buena relación con Europa. Y esta estrategia continúa. Pero han tomado otra, una táctica por pasos que ha dado resultados incluso hoy. Por supuesto no significa que este programa vaya a hacer de Bielorrusia un país democrático de repente, pero crea muchas posibilidades. Todavía no se sabe cómo funcionará. Lo primordial es que Bruselas está prestando atención a Europa del Este. Es igual de importante que la Unión Mediterránea, a la que España pertenece.

¿Por qué Lukashenko decidió no acudir a la Cumbre de Praga que lanzó el programa de la Asociación Oriental?

Creo que fue una decisión acertada porque Lukashenko ha hecho muy poco por la democracia en Bielorrusia y su imagen continúa siendo la de un país autoritario. Muchos líderes no querían sentarse a su lado, hecho que él entendió. Así que para no tener un encuentro desagradable prefirió no acudir.

Aunque una de las sorpresas fue la reunión de Alexander Lukashenko con el Papa de Roma en el Vaticano.

Para muchos fue un shock ya que es un símbolo de la moral y de la Iglesia católica. Para mí también fue algo incómodo, pero por otra parte creo que el Papa intentó hablar algo con él. En Bielorrusia hay muchos católicos, es la segunda confesión religiosa, yo mismo soy de una región de mayoría católica. Aunque Lukashenko se denomina “ateo ortodoxo”, que no se sabe muy bien qué significa. Si algún día el Papa viene a Bielorrusia será un gran éxito, incluso político. Recuerdo el importante papel que jugó el anterior Papa en Polonia. Cuando llegó sólo dijo dos palabras: no temáis. Por eso espero que este contacto haya sido útil. No estoy en contra de que presidentes y ministros se reúnan con Lukashenko, pero que le recuerden la situación de los derechos humanos. Si van a hablar sólo de economía creo que no está bien.

En marzo, Miguel Ángel Moratinos viajó a Minsk para preparar la presidencia española de la UE en 2010, y Javier Solana se reunió con Lukashenko y con usted mismo. ¿Qué temas trataron?

Le dije que para nosotros el diálogo que comienza es una oportunidad histórica muy importante, que somos un aliado para intentar transformar el país y que por favor mantengan una relación con condiciones con el poder. Porque no hay cambios a nivel interno y es necesario que esa situación mejore. El poder hace mucha demagogia y retórica, nos habla de que tenemos una democracia como en Occidente y que ya ha hecho suficiente. Y creemos que no es así. Escribí una carta a Sarkozy, Merkel, Solana y Ferrero-Waldner para explicarles que tienen mi apoyo, pero que durante el diálogo con Bielorrusia la represión política continúa. Les pedí que durante sus conversaciones tengan en cuenta este hecho. Porque hay políticos en Europa que piensan que después de los avances económicos algún día llegarán los políticos, y eso es un error. Lukashenko debe entender que no habrá apoyo financiero si no da pasos políticos. No puede haber sólo palabras.

Usted ha declarado que cree que es hora de hacer un nuevo tipo de oposición. ¿A qué se refiere?

La situación ha cambiado. Cuando el país estaba aislado éramos en parte políticos y en parte disidentes. Se violaban los derechos humanos, se reprimía y asesinaba a le gente. Así ha sido durante trece años. Era un país cerrado. Europa ha variado la táctica con Minsk, sobre todo tras la guerra en Georgia. Ha entendido que aislar a Bielorrusia no tiene sentido porque en estos años nada ha cambiado: ha habido más represión, la situación de la oposición es la misma, no ha habido ninguna reforma económica y la dependencia de Rusia ha aumentado. Ese aislamiento no ha dado ningún resultado.

Bruselas ha adoptado esta nueva estrategia que apoyo. El diálogo es muy importante, incluso con un país no democrático, pero tiene que ser crítico y con condiciones. Por lo tanto, la oposición también tiene que adoptar una nueva estrategia. Debemos denunciar las violaciones de los derechos humanos, esa es nuestra función, y luchar por la libertad. Pero tenemos que encontrar nuestro sitio en este diálogo. Estamos en contra del régimen autoritario, y aunque ahora hay algo menos de represión y de miedo, éstos continúan. Tenemos que decir la verdad. Si el poder lo hace bien, como firmar la Asociación Oriental con la UE, hay que decirlo. Y por supuesto, cuando lo hace mal, también. Estoy dispuesto a ayudarle a mejorar las relaciones con Europa, a modernizar la economía, a recobrar la identidad nacional.

El pasado mes de septiembre hubo elecciones legislativas. La OSCE notó algunos avances aunque no las consideró democráticas. ¿Cree que la situación es algo mejor ahora?

Hay dos problemas con las elecciones. El primero es que no tenemos acceso a los medios. Por supuesto hay Internet, que es una buena fuente para la información independiente, pero no todo el mundo tiene y es muy caro. No podemos acceder a la televisión y la radio. Soy el segundo político después de Lukashenko y puedo aparecer 30 minutos en televisión una vez cada cinco años durante las elecciones presidenciales. Hasta que no haya una competencia igualitaria no serán unas elecciones libres.

Sabemos que no es posible ganar porque los comicios son una falsificación, pero nos presentamos porque es la oportunidad de llegar a la gente, divulgar información y abrir puertas. Y hay represión. Encarcelaron a muchas personas el día de las elecciones presidenciales. La gente no hizo nada pero les acusaron de insultar o encararse a la policía. Muchos han perdido sus puestos de trabajo, a más de 300 estudiantes les expulsaron de la universidad. Esa no es la atmósfera de unas elecciones libres.

¿Y en lo referente a la libertad de prensa y de expresión?

Ese otro de los grandes problemas. Los periodistas independientes tienen muy pocos lugares donde trabajar. Cerraron una gran cantidad de periódicos. El poder hizo todo lo posible para que en esos medios no hubiera nada de publicidad. Sólo dos han vuelto hace poco a los kioscos. Y de forma constante nosotros repartimos pequeños periódicos ilegales. Tenemos un apoyo económico interno muy pequeño porque el poder hace tiempo se encargó de poner un muro entre las empresas y la sociedad civil.

Hay mucho miedo en Bielorrusia. Si vas a un mitin o a una manifestación pueden echarte del trabajo, porque como he dicho, el 80% de las empresas son estatales. Hay miles y miles de activistas por la democracia desempleados. Este es un gran problema porque decimos a la gente “vamos a luchar” pero después les echan del trabajo y no podemos pagarles un salario porque tenemos poco dinero. Con los estudiantes es algo más fácil, cuando les expulsan de la universidad hay posibilidad de ir a estudiar fuera con buenas becas, sobre todo, Polonia nos ayuda mucho. También van a Lituania, Ucrania, Alemania o Francia. Las fuerzas democráticas son un ejército de desempleados. Esto psicológicamente es muy difícil.

La mayoría de la gente joven no apoya a Lukashenko, pero tampoco está involucrada de forma activa con la oposición. ¿A qué cree que se debe?

Una razón es el miedo. Pero además, después de tantos años de lucha sin resultado, la gente no cree que saliendo a la calle vaya a cambiar algo pero puede perder mucho. Y algo que no ocurre en ningún país de Europa es la pérdida de identidad nacional. Cuando pasamos a ser parte del Imperio Ruso comenzó la total rusificación de Bielorrusia. Y perdimos nuestra lengua. En la escuela se enseña la historia de Rusia y casi nada de la nuestra. Por desgracia, los bielorrusos no tenemos un sentimiento de pertenencia a una tierra unida, un patriotismo que une a la gente y da un impulso para salir a la calle porque somos un pueblo, una nación, debemos protegernos unos a otros. Lukashenko no apoya el regreso de ese sentimiento nacional por muchas razones, por la nostalgia de la URSS.

Tras las diversas revoluciones de colores en países de la antigua URSS, muchos esperaban la revolución blanca en Bielorrusia. ¿Por qué no se produjo?

En Serbia, Ucrania y Georgia había oposición en el Parlamento, mientras que nosotros no tenemos ni una sola persona. Contaban con canales de televisión, nosotros tampoco contamos con ello. El miedo que se tiene en Bielorrusia no lo hay en otros países. Ellos salieron a la calle y la gente no fue encarcelada y no perdió sus trabajos. Hay una gran diferencia. Podían expresar como ciudadanos que no querían más. En 2006, aquí la gente pasó miedo durante las protestas en la plaza de Octubre, apareció el jefe de la KGB y el ministro del Interior habló tres veces por televisión y dijo que los que estuviesen allí serían acusados de terroristas. Y en Bielorrusia el terrorismo se castiga con la pena de muerte.

Aunque creo que tuvimos una gran victoria. Hoy ningún político en Europa se pregunta dónde se encuentra Bielorrusia y se interesan más por nosotros. Fue una gran etapa en nuestras vidas. E incluso ahora Lukashenko dice muchas de las palabras que nosotros gritábamos en la plaza. Dice que tenemos que acercarnos a Europa, como pedíamos, que hace falta un desarrollo de las empresas y que no es necesaria la unión con Rusia sino tener una buena relación como aliado estratégico. Y hace poco, por primera vez desde hace años el ministro de Cultura habló en bielorruso. Es un proceso muy lento, no se consigue en un solo día. En España también tenéis experiencia de qué es una dictadura, vosotros siempre luchasteis.

En los últimos meses, en Bielorrusia ha habido diversas manifestaciones en contra de la construcción de una central nuclear. ¿Qué opina de su instalación en un país que aún sufre los efectos de Chernóbil?

Bielorrusia es el país en el que recayó el 75% de la radiactividad de Chernóbil por la dirección del viento. Esta fue nuestra tragedia porque hay muchos problemas no resueltos. Se venden productos con radiactividad, por ejemplo. El poder decidió no hablar sobre el tema. No hay estadísticas, simplemente se calla o dice que no hay nada malo y la gente regresa a esas zonas. Un político no puede actuar así.

En lo referente a la nueva central, Bielorrusia es un país que importa energía. Soy físico de formación, no tengo radiofobia, no estoy en contra de ello. Si no es necesaria, mejor no construirla, pero si lo es, hace falta hacerla con la mejor tecnología y demostrar que de verdad la necesitamos ya que en Bielorrusia podrían funcionar otras formas energéticas, como la eólica. Estoy en contra de la construcción de esta central porque no hay información, ni discusiones abiertas al respecto en el Parlamento, ni en la prensa o la televisión. El poder simplemente lo ha dicho y se hará. La mayor parte de la población también es contraria a la construcción, aunque hay personas que creen a los medios oficiales. Hubo un tiempo en que se habló mucho de Chernóbil, pero el poder dejó de hacerlo y la gente se ha acostumbrado a vivir con las consecuencias y considera que es mejor no pensar en ello a pesar de lo que muestran los informes médicos sobre el cáncer en Bielorrusia.

En 2006 recibió el premio Sájarov del Parlamento Europeo. ¿Qué supuso para usted?

Para mí significa mucho. Pero sólo no habría conseguido nada. Es de todas las personas de este país que luchan por la libertad, a los que Europa y el mundo conocieron cuando salieron a la calle. Fue importante para el país porque en tres años primero se lo concedieron a la Asociación Bielorrusa de Periodistas y después a mí. Para nosotros tiene una gran importancia porque de nuevo Europa se fijó en nuestra situación y fue un apoyo moral. La gente que lucha entendió que no están solos. Soy físico y conocí al propio Sájarov cuando era ya un físico famoso pero aún ni él ni yo éramos disidentes. Fue un científico brillante y original, y sufrió mucho. Me enorgullece haberle conocido porque es un símbolo de la libertad. Para mí es un gran ejemplo.

¿Cómo ve su futuro y el de Bielorrusia?

Vamos a ser independientes y un país europeo democrático. Quiero que formemos parte de la UE, aunque sé que no es sencillo y que Bruselas ahora tiene sus propios problemas. Creo en mi país, es un buen pueblo, tranquilo y trabajador. Tenemos un sitio en Europa. En cuanto a mí, no necesariamente tengo que ser presidente. Vengo de una familia muy revolucionaria que sufrió la represión. Y en Bielorrusia hay mucha gente como yo que quiere una vida libre y democrática. Para nosotros la palabra libertad significa mucho.

Cristina Álvarez
Periodista

http://www.globalaffairs.es/es/entrevista-con-alexander-milinkevich-lukashenko-debe-entender-que-no-habra-apoyo-financiero-si-no-da-pasos-politicos/

Revista Global Affairs, 8 de septiembre de 2009.

Posteado por: bielorrusiaexiste | 28 agosto 2009

Central nuclear en Bielorrusia

Alexander Lukashenko confirmó ayer algo que era vox populi desde hace años: la construcción de una central nuclear en Bielorrusia. Como ya se comentaba en Minsk, lo hará (una vez más) financiado por Rusia, país con el que Lukashenko hace que se enfada de vez en cuando pero sin el que no puede vivir. Una de las justificaciones para su construcción es la necesidad de independencia energética con respecto a Moscú y los precios que cada invierno Gazprom modifica según los diferentes intereses políticos, pero al tener que construirla con créditos rusos no parece que la dependencia vaya a mejorar, sino todo lo contrario. Las obras comenzarán en enero de 2010 en la región de Hrodna.

En los últimos meses ha habido distintas manifestaciones en el país y en la famosa Marcha por Chernóbil  (ver entrada del 29 de abril), todos los discursos fueron en esta dirección. La oposición está en contra por la absoluta falta de información en este tema y en todos los relacionados con la catástrofe nuclear del 26 de abril de 1989 en Ucrania. Bielorrusia es el país que más sufrió (y aún sufre) las terribles consecuencias de Chernóbil ya que por la dirección del viento la mayor parte de la radiactividad recayó en territorio bielorruso.

Marcha por Chernóbil 2009, Minsk.

Marcha por Chernóbil 2009, Minsk.

La gente aún recuerda esos días de incertidumbre. Algunos se enteraron sobre todo por familiares y amigos que vivían en el extranjero porque la URSS no informó hasta varios días después. Mientras eso ocurría, siguieron yendo a recoger setas al campo, a pescar al río, comiendo todo tipo de alimentos y bebiendo agua… Cuando se hizo oficial, en Minsk instalaron autobuses de control de radiactividad, había colas de familias con niños para hacerse las pruebas y a mucha gente que conozco le salió un alto índice en su cuerpo. Les dijeron que expulsarían la mayor parte de elementos radiactivos con un tratamiento, aunque las consecuencias fueron y son devastadoras, según indican los informes de distintos tipos de cáncer, malformaciones y enfermedades relacionadas por todo el país.

Desde que se derrumbó la Unión Soviética y Lukashenko llegó al poder en 1994, la información estatal es prácticamente cero siguiendo el lema de “es mejor no saber”. Muchos volvieron a las áreas contaminadas y nadie sabe exactamente qué zonas y en qué grado están afectadas, de dónde proceden los alimentos que está comiendo por la política de mezclar los diferentes productos para no hundir económicamente algunas de las regiones contaminadas, como la propia Hrodna o Gomel, la segunda ciudad más importante del país (ver entrada de Recordando Chernóbil: Gomel y Recordando Chernóbil: Vetka).

Iglesia por Chernóbil en Vetka, región de Gomel.

Iglesia por Chernóbil en Vetka, región de Gomel.

Quizás la construcción de esta central  nuclear sirva para despertar la conciencia social en Bielorrusia sobre las consecuencias de Chernóbil, ya que, como hemos comentado en este blog varias veces, la gente se ha acostumbrado a vivir con ello y no reclama información sobre un tema que les afecta a todos y que debe tener un estricto control por parte del Gobierno, que desde hace años prefiere dar la callada por respuesta.

Aquí os dejo un enlace con algunos datos sobre las terribles consecuencias de Chernóbil. Las fotografías son muy duras, tomadas en un centro de salud de Minsk.

http://mundoecologia.portalmundos.com/la-catrastrofe-nuclear-de-chernobil/

Posteado por: bielorrusiaexiste | 15 agosto 2009

Mir: paz y mundo

Algunas de las palabras rusas más famosas lo son por dar nombre a inventos espaciales varios: la estación Mir (“paz” y “mundo”), Soyuz (“unión”) o Sputnik (“satélite” y “compañero”). Hoy voy a hablar de un pueblo bielorruso muy famoso en el país que se llama justamente Mir. Allí llegamos ya que una gran amiga nos quiso enseñar dónde vive su abuela y porque es uno de los destinos más conocidos para todos aquellos que van a Minsk ya que está bastante cerca. A unas dos horas de la capital en autobús, se encuentra en la región de Hrodna y se puede visitar en un paseo porque es una localidad pequeña aunque muy agradable.

Castillo de Mir

Lo más famoso es su castillo del siglo XVI, patrimonio de la UNESCO, repleto de leyendas junto a un pequeño lago que lo rodea. Fue destruido en varias ocasiones y en los últimos años ha sido restaurado. Mucha gente se ha mostrado en contra de la forma en que se ha hecho ya que, es verdad, hay partes que no conservan su antigua estética y parece todo “muy nuevo” con lo que ha perdido algo de su carácter histórico.

En Mir también hay pequeñas iglesias, ortodoxas y católicas, antiguas y bonitas aunque algunas algo abandonadas, y muchas dacha y casas típicas de madera, con su pequeño jardín y cortinas de encaje. Fue un día que comenzó con una lluvia torrencial y terminó con un sol brillante, un vino moldavo y un queso bielorruso buenísimo.

Iglesia ortodoxa en Mir

Casas de colores en Mir

La forma en que en Bielorrusia se reconstruyen lugares que fueron destruidos suele ser polémica ya que se ven iglesias, barrios o calles que han sido reconstruidas pero de forma demasiado moderna, con lo que no se tiene la sensación de estar en un lugar histórico y antiguo. Eso ocurre a menudo en Minsk y es una pena porque Bielorrusia tiene una rica e interesante cultura que ha ido perdiéndose por distintos motivos en los últimos siglos.

Para los que quieran saber un poco más sobre el castillo de Mir, dejo un enlace sobre su historia:

http://www.data.minsk.by/history/mir/

Posteado por: bielorrusiaexiste | 28 julio 2009

¿Belarus o Bielorrusia?

En España suele utilizarse la palabra Bielorrusia, cuyo origen es la “Rus blanca” aunque muchas veces se traduce erróneamente como la “Rusia blanca”, pero también es válida la denominación Belarús. Esta última apenas se usa y en los libros de estilo de los medios de comunicación directamente no es correcta y se sigue la tradición de denominarla de la primera forma.

Placa de Bielorrusia en la calle

El debate sobre cómo se llama el país blanco tanto en ruso como en otras lenguas para los extranjeros puede no tener una gran relevancia, pero para muchos bielorrusos es una cuestión vital. Durante los meses en Minsk, tuve varias conversaciones sobre el tema con diferentes personas que me explicaron una y otra vez la importancia de esta diferencia. Algunos amigos cuando leyeron el título de este blog se molestaron por la palabra “Bielorrusia”. Les expliqué que en España aún es habitual escribirlo de este modo y que una lengua no es tan fácil de cambiar, aunque aún así, es un tema delicado.

Para ellos, decir Bielorrusia significa continuar una supeditación a la palabra “Rusia” con todas las connotaciones políticas y culturales que eso conlleva. El nombre oficial es República de Belarus, por eso no entienden por qué en otras lenguas no se denomina por su nuevo nombre tras la independencia de la URSS en 1991. Muchos se sienten ofendidos, sobre todo, por el desinterés de no saber ni siquiera cómo se llama realmente su país.

Posteado por: bielorrusiaexiste | 17 julio 2009

¡Bielorrusia es Europa!

Cuando uno decide ir a Bielorrusia, lo primero que se encuentra son caras de asombro de toda la gente que tiene alrededor. Primero porque a algunos les costará esfuerzo situarla en el mapa ya que la Europa Oriental ha quedado desdibujada para muchos tras el desmembramiento de la URSS y de Yugoslavia. Una vez ubicada continuará la expresión de incredulidad, al fin y al cabo sólo se conocen dos elementos sobre el país: su oscuro presidente, Alexander Lukashenko, y que fue el territorio que más sufrió las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil, en la vecina Ucrania.

Pero superados los primeros recelos y las más variadas ideas que nos acompañan hasta Bielorrusia, una vez allí todo resulta (extrañamente) fácil. El pensamiento de los extranjeros occidentales al llegar a Minsk es el mismo: “Pero si es una ciudad normal”. La imagen que se tiene desde fuera es borrosa porque sólo llega información en contadas ocasiones y siempre muy negativa, sobre todo, en lo referente a la política estatal y en especial durante las elecciones presidenciales, lo que no ayuda a crear una idea general del país.

Como suele decirse, en Bielorrusia si uno no quiere, no se entera. La parte visible de la vida es como en cualquier otra ciudad europea. Por supuesto, su arquitectura soviética nos recordará dónde nos encontramos. Pero Minsk es la capital más limpia, segura y tranquila de Europa, y es cierto que hay bastante policía por la calle, pero no más que en Moscú, aunque con la diferencia de que no incordia a los extranjeros para comprobar la documentación u otros menesteres menos legales como sí ocurre en la urbe rusa.

La Ópera de Minsk

Lenin en Vetka

Las cosas cambian cuando se empieza a indagar y a querer saber qué ocurre de verdad y cómo vive la gente. Y se conocen activistas, periodistas, actores que trabajan de forma clandestina, ONGs que quieren cualquier cosa menos llamar la atención para tener los menores problemas posibles. Y es entonces cuando de viva voz sale a la luz la complicada situación que todavía atraviesan los bielorrusos. Alexander Lukashenko, autoproclamado batka (el padre), gobierna en Bielorrusia desde 1994. Acusado de falsear las elecciones por la OSCE y diversos organismos internacionales, conocido como “el último dictador de Europa”, con disidentes asesinados y desaparecidos en su largo periodo presidencial cuenta con seguidores y detractores por igual.

La división política es absoluta. Para unos, es el líder que Bielorrusia necesita: un hombre fuerte, de la antigua escuela soviética, que dirige la nación con mano firme para evitar “vender” el país a europeos y americanos y para que no ocurra como en la mayoría de Estados de la antigua URSS que sufren de una profunda inestabilidad en sus gobiernos, han pasado por diversas revoluciones de colores fallidas y por distanciarse de Moscú han perdido unos privilegios históricos con la madre patria. En este aspecto, la vecina Ucrania es el espejo donde no quieren mirarse.

Alexander Lukashenko

Otra parte de la población es abiertamente de la oposición. Para ellos, calificados por Lukashenko como “enemigos de la patria”, la lengua bielorrusa es su estandarte. Maltratado y olvidado por su presidente (quien no lo habla), se ha convertido en un idioma de diferenciación, de una minoría y de la élite intelectual que intenta recuperarlo tras décadas de total soberanía del ruso. Quieren mirar a Occidente, devolver el país a su cultura europea, modernizar la economía y acabar con la profunda dependencia del Kremlin.

Bandera de la oposición y de la UE

En medio aparece la indiferencia de un importante segmento de la sociedad bielorrusa. Como en la gran mayoría de Estados que han sufrido una dictadura o régimen autoritario, cuando la duración es tan larga las activas fuerzas del principio se diluyen en la costumbre. Eso es lo que ha ocurrido en Bielorrusia. La mayor parte de la gente joven se muestra contraria a la actual política estatal, pero están alejados tanto del Gobierno como de la oposición. Hoy en día, gracias a Internet, los viajes por el mundo y la cada vez mayor entrada de extranjeros, pocos consideran que las cosas funcionen bien. Pero han perdido la energía y las ganas de seguir manifestándose y luchando abiertamente. “Para qué, si hasta ahora no se ha conseguido nada”, es una frase que se repite a menudo en cualquier conversación. Muchos sueñan con irse fuera, sin importar el destino. Simplemente, irse.

En los últimos meses, Lukashenko ha querido acercarse a la Unión Europea y Bruselas ha tendido un puente hacia Minsk incluyéndola en la Asociación Oriental. Son varios sus intereses y por ahora es incierto hasta dónde llegarán. Lo único seguro es que el cambio es necesario. Bielorrusia es Europa, su historia no puede entenderse fuera de ella. Sufrió las más atroces consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la invasión nazi y algunos de los mayores guetos de Europa se encontraban en su territorio. Como otras tantas naciones, quedó diluida en la mastodóntica Unión Soviética que unificó una cultura e identidad que muchos intentan rescatar. Pero se encuentra tan cerca de la Unión Europea -comparte fronteras con Polonia, Lituania y Letonia- que la indiferencia del exterior es un gran error, del mismo modo que ignorar la situación que vive el país e interesarse sólo en los momentos de convulsión política con declaraciones y artículos de condena que no conducen a nada.

Cristina Álvarez

Posteado por: bielorrusiaexiste | 17 julio 2009

Documental sobre Bielorrusia

Gracias a Internet, puede encontrarse un sinfín de vídeos y documentales sobre Bielorrusia en la Red. Hay muchos, aunque la mayoría suele estar en bielorruso o ruso. Uno de los mejores, en mi humilde opinión, hecho con pocos medios y muchas dificultades, es A lesson of Belarusian del director polaco Miroslaw Dembinski. Está subtitulado en inglés con mejor o peor fortuna, pero hace una radiografía de muchos temas interesantes de la actual situación política en Bielorrusia.

Os escribo el enlace de Youtube. Está dividido en seis partes y hay que ir pinchando en la barra lateral de la derecha. Cuando tengáis tiempo, intentad verlo. Sobre todo, las últimas partes son muy duras y fueron de verdad difíciles de conseguir.

http://www.youtube.com/watch?v=GV2PV99WnQI

http://www.youtube.com/results?search_query=a+lesson+of+belarusian&search_type=&aq=f

Posteado por: bielorrusiaexiste | 29 junio 2009

Teatro bielorruso en Barcelona

¡Aviso para navegantes!

La mejor compañía teatral bielorrusa, Free Theatre, estará en Barcelona los días 1, 2, 3 y 4 de julio. Son un grupo de teatro ilegal en Bielorrusia por su abierta oposición a la política de Lukashenko y tienen que actuar de forma clandestina. Son conocidos por todo el mundo y les apoyan importantes escritores europeos. Sus obras, simplemente, dejan sin palabras.

Una obra clandestina de Free Theatre en Minsk.

Una obra clandestina de Free Theatre en Minsk.

Tuve la inmensa suerte de verles dos veces en Minsk y recomiendo a todo el mundo que tenga la ocasión, que no se lo pierda!

Este es el link con la información:

 http://innmotion09.conservas.tk/belarus-theatre

Posteado por: bielorrusiaexiste | 17 junio 2009

Do svidania! Жыве Беларусь!

Desde el aeropuerto escribo esta última entrada en tierras bielorrusas antes de volver a España. Estos días, como todos los finales de un largo viaje, han sido un poco caóticos: tantas cosas por hacer y tan poco tiempo.

Pero en Bielorrusia he cumplido con creces las expectativas que tenía antes de venir en enero. Es un país increíblemente interesante, con paisajes preciosos y gente de una amabilidad infinita. En invierno, Minsk puede ser una ciudad algo sosa porque apenas hay nadie por la calle y el frío dura hasta mayo, pero cuando empieza a descubrirse “la otra Bielorrusia” todo cambia por completo.

De aquí me llevo amigos de verdad, una de las mejores experiencias de mi vida y el haber aprendido cosas que tardaré en asimilar.

Aunque dentro de unas horas estaré en Madrid (a pesar de mi eterno pánico a volar), seguiré escribiendo en este blog tantas cosas sobre Bielorrusia que no me ha dado tiempo a contar y que merecen ser escritas para acercarse un poco más a este desconocido país. Tampoco descarto volver a Minsk dentro de unos meses… os mantendré informados por si la aventura bielorrusa continúa…

Aquí os dejo el link de una gran canción del grupo bielorruso Lyapis, “Freedom Belarus”. Жыве Беларусь: ¡Libertad para Bielorrusia, camaradas!

Vialiki dziakuj! Spasibo bolshoe a todos!

Cristina Álvarez

Posteado por: bielorrusiaexiste | 5 junio 2009

Con Alexander Milinkevich

Ya sé que en este blog lo habéis leído muchas veces… Pero hoy ha sido un día espectacular que no olvidaré. Esta mañana he tenido la inmensa suerte de conocer y poder hablar durante más de dos horas con Alexander Milinkevich, el principal líder de la oposición bielorrusa, que ha estado varias veces en la cárcel por su activismo, recibió el premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2006 y es todo un símbolo de la libertad en Europa.

Se suponía que el encuentro sería la semana que viene, pero al final, ayer por la tarde me dijeron que era hoy a las 11. He llegado puntual a la cita en el más que humilde apartamento de su movimiento Za svabodu (For Freedom, Por la Libertad) pero todavía no había llegado. Me han pedido disculpas y he esperado un rato charlando con la gente que trabaja con él. En una de las pocas habitaciones del piso había una reunión de varios miembros y, como soy de naturaleza curiosa, he preguntado si podía estar presente para ver cómo trabajan. Encantados me han dicho que sí y allí que hemos hablado sobre tantas cosas de la difícil situación en Bielorrusia.

El apartamento de Za svabodu está en el bajo de un viejo edificio en un patio interior del centro de Minsk. Tiene apenas unas mesas, sillas para sus reuniones y armarios con libros y periódicos ilegales (que no están registrados oficialmente porque en Bielorrusia sólo hay dos periódicos de la oposición legales, de las decenas que había hasta hace pocos años y que fueron prohibidos de un día para otro). Hace un mes, llegaron por la mañana y se encontraron que la policía les había requisado todo lo que había, hasta las bombillas (de verdad). Así que ahora están volviendo a reponer lo poco que tenían otra vez.

Al cabo de un rato ha llegado Alexander Milinkevich, hombre absolutamente cercano y amable, como aparece en todos los documentales que se pueden ver sobre Bielorrusia. Tiene unos ojos azules claros muy serenos, sonríe mucho, y a menudo cita la palabra “Europa”. En su opinión, Europa es la única esperanza para que en Bielorrusia algún día haya verdadera democracia. Hemos hablado muchísimo, conoce bien la dictadura de Franco en España y, como me ha dicho, sólo los países que en algún momento sufrieron una dictadura saben exactamente lo que eso significa. Y hemos acabado hablando de la libertad, pero de la libertad con mayúsculas cuando no se tiene, aunque para nosotros muchas veces sea una palabra manida porque podemos darnos el lujo de ignorarla.

Hemos terminado nuestra larga charla, que no ha interrumpido a pesar de que en varias ocasiones han llamado a la puerta y preguntado por él. En el apartamento siempre hay gente, un escritor bielorruso, un científico experto en Chernóbil… tantas personas interesantes por conocer. Sobre las 14.00 he salido de allí y he paseado un rato en un día de sol con mis periódicos ilegales en el bolso. En Bielorrusia, sinceramente, poco más puedo pedir.

Posteado por: bielorrusiaexiste | 3 junio 2009

En busca del arca perdida

Este fin de semana estuve en Borisov. De allí es la chica con la que vivo y su familia y amigos hace tiempo que tenían ganas de ver a la española que pulula por Bielorrusia. Esta ciudad es sobre todo conocida porque en algún lugar cerca de ella, Napoleón dejó enterrado un gran tesoro que nadie ha encontrado, y me contaron que de vez en cuando la gente todavía se aventura a intentarlo, aunque sin mucho éxito.

Y como aquí el verano ya ha empezado oficialmente (el 1 de junio), el tiempo era espectacular. Me llevaron a pasar el día a un río precioso a una hora de la ciudad, en medio de un inmenso bosque bielorruso absolutamente verde, rodeado de las típicas casitas de madera de colores, sus cabras, sus vacas… Los más valientes se bañaron en el agua gélida, aunque yo sólo tomé el sol mientras comíamos pipas y bebíamos kvas.

Borisov

Borisov

Borisov

Otro día, la madre me preparó unos maravillosos piroshki de repollo y verduras unos, y de corazón de algún animal, otros. Aunque pueda parecer algo desagradable, he de decir que los de corazón están buenísimos y creó que batí el record de la española que más piroshki ha comido en un sólo día porque al cabo de un rato perdí la cuenta. Todo acompañado de un vino dulce que ella misma hace.

Borisov, al igual que buena parte de las ciudades bielorrusas, no es especialmente bonita ya que sufrió las peores consecuencias de la guerra y tuvo que ser reconstruida. Como ya imaginaréis, cuenta con todos los elementos básicos del kit de la ciudad soviética: dedushka Lenin preside la plaza principal; los diversos monumentos en recuerdo de la Gran Guerra Patriótica aparecen por cada esquina y los viejos bloques soviéticos sobreviven como pueden al paso del tiempo y al actual desinterés estatal. Eso sí, a un rato del centro todavía queda una pequeña parte antigua con casitas bajas de colores y una preciosa iglesia ortodoxa que recuerdan lejanamente cómo tenían que ser la ciudades bielorrusas antes de ser destruidas por unos u otros.

Lenin en Borisov

Justo el fin de semana anterior realicé otro pequeño viaje hasta Akinchitsy, el pueblo donde nació el poeta bielorruso Yakub Kolas. Como siempre (algo que de verdad echaré de menos), la impresionante naturaleza. En esta pequeña localidad buena parte de la gente habla bielorruso, y en el museo dedicado al poeta todo está en esta lengua, cosa que me encantó porque apenas se tiene la oportunidad de escucharlo.

Casa de Yakub Kolas

Casa de Yakub Kolas

Después, con un buen grupo de amigos fuimos al bosque a hacer un picnic de shashlik, que aquí siempre preparan los hombres: buscan las ramas, hacen la hoguera, los asan, se los van llevando a las chicas que esperan sentadas como unas zarinas en un manta bebiendo vodka o Sovetskoe Shampanskoe. Ya por la tarde, nos sorprendió una lluvia torrencial típica del clima loco de Bielorrusia en primavera y volvimos a Minsk igual que fuimos temprano por la mañana: bebiendo vodka durante todo el viaje en autobús. Llegué a casa y me fui directa a dormir. Moraleja: el vodka es fatídico para la salud.

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